Si hay alguien que cree que su coche tiene una cara simpaticona o que el de su jefe refleja lo agresivo que es su dueño puede que no ande muy desencaminado en su análisis y, además, no tiene por qué preocuparse, no está loco. Un estudio de la Universidad Estatal de Florida ha demostrado que los coches tienen personalidad, o al menos que así lo consideramos los humanos cuando nos plantamos frente a cualquier vehículo. Tanto es así que a cada modelo de automóvil le atribuímos una cara y una personalidad correlativa a lo que conocemos en el reino animal o entre nuestros congéneres en función de lo que nos inspire su línea de diseño.