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Con sus 132 habitaciones y un centenar de empleados, la Casa Blanca ofrece un modo de vida único para el presidente de Estados Unidos, pero la familia Obama podría sufrir al perder sus sencillas costumbres en esta pecera aislada del resto del mundo.
El 20 de enero, Barack Obama, su esposa, Michelle, y sus hijas se despedirán de su linda casa de Chicago, de las compras los sábados y de las cenas íntimas en Spiaggia, su restaurante favorito, donde la familia celebró la victoria electoral del 4 de noviembre.
Desde entonces, la vida de los Obama ya empezó a cambiar, como lo observó padre de familia. "Ya no puedo ir a mi peluquero. Tengo que pedir que venga a un lugar secreto", confesó Barack Obama en una entrevista en la cadena CBS, mientras reconocía que ya extrañaba "sus pequeñas costumbres", con las que mantiene un vínculo con la realidad.
"Las familias presidenciales han debido luchar para tratar de hallar una suerte de vida normal en la Casa Blanca", anota el historiador Robert Watson.
En contrapartida, la pareja presidencial encontrará en su morada en el centro de Washington un palacio con 132 habitaciones, 45 baños, una sala de cine, un teatro, una cancha de tenis, una piscina y una pista para correr.
A Obama, le gustan los piñones
Los cocineros quizá tengan que ingeniárselas un poco más que con George W. Bush, el presidente saliente, conocido por tener gustos simples como la manteca de cacao, los macarrones con queso o los espaguetis con albóndigas. "Obama aprecia la cocina tejana y mexicana y tiene gustos muy eclécticos, como platos con piñones", señala Watson.
Lo más duro para los Obama probablemente será educar a sus hijas, Malia, de 10 años, y Sasha, de 7, al amparo de la curiosidad insaciable de los medios. "Los hijos de los presidentes son como las mascotas del país. Los estadounidenses quieren saber lo que hacen y se dejan fascinar por ellos", añade el historiador.
"Hasta ahora, (mis hijas) siguieron siendo como son: normales, alegres, felices, educadas y curiosas. No son difíciles", declaró Obama en televisión. "Una de nuestras prioridades es que esto se mantenga así durante los cuatro años venideros", añadió.
En caso de necesitar un poco de calma, la familia siempre podrá refugiarse en Camp David, la residencia presidencial secundaria, en las afueras de Washington, o también en 'la pequeña Casa Blanca' de Key West, en el extremo meridional de Florida (sureste).